Dicen las malas lenguas en Chile que los de EFE somos gafes. Quizás tengan razón. Hace unos pocos meses un carabinero descerebrado casi deja sin ojo a uno de nuestros fotógrafos. Otro compañero tuvo que ser operado de urgencia y estuvo casi tres semanas fuera de combate. Unas semanas atrás a otro periodista le mangaron un ordenador portátil de la agencia. Eso sí, era un Toshiba de esos del año de la Quica, de cinco kilos de peso y unas dimensiones estratosféricas.

Y ayer por la noche, la palma. Unos ladronzuelos nos desvalijaron la oficina. Tal y como lo digo. Aprovecharon la poca resistencia que opuso la vieja y maltrecha puerta de entrada, situaron una camioneta dentro del aparcamiento y se dedicaron a llenarla con nuestro material de oficina. Resultado: doce ordenadores mangados, dos cámaras de vídeo y una de fotos. En cifras, unos 15 millones de pesos, casi 20.000 euros en material informático. Y eso es el daño que se puede calcular, porque hay que sumarle fotos, documentos e información de todo tipo que había en los ordenadores y cuyo valor es difícil de determinar. Total, que hoy ya me avisaron del percal y cuando llegué a la oficina me encontré con mis compañeros sentados alrededor de la mesa de la cocina, con cara de tontos, y con la policía científica, al más puro estilo CSI, buscando pruebas que delataran a los culpables. Pero, a diferencia de la serie, no han encontrado un pelo que los haya llevado a los ladrones.

Afortunadamente, parece que el seguro pagará los nuevos equipos y todo lo que nos han robado. Y, como suele decirse, al mal tiempo buena cara: estamos todos bien y llegarán ordenadores nuevos.

La noticia, en los medios.