A menudo suceden cosas en Chile que ponen en evidencia el poco tiempo que ha transcurrido desde que una feroz dictadura militar gobernaba el país. A las constantes condenas de mandos militares, retirados y en servicio, cabe sumar situaciones como las acaecidas los últimos días. Sucede que, cuando un régimen militar se dedica a asesinar opositores políticos con toda la libertad del mundo y con toda impunidad, las cosas no siempre salen bien. Y, aunque sea tarde, actos cobardes como esos salen a la luz. Hace unos días fueron descubiertos restos humanos una una localidad norteña, en el desierto de Atacama, que con toda probabilidad pertenecen a víctimas asesinadas durante la dictadura de Pinochet.

Tal y como dijo la president Bachelet, son momentos duros para las familias de los desaparecidos, en los que se confunden los sentimientos. Satisfacción, por un lado, por poder finalmente enterrar a un ser querido. Y dolor y rabia, por el otro, por revivir situaciones tan crudas como el vil asesinato de un familiar tan sólo por tener otro punto de vista político.

También estos últimos días ha sido detenido y procesado Santiago Sinclair, ex vicecomandante en jefe del Ejército y mano derecha de Augusto Pinochet. Este señor está acusado de ser, como se llama ahora, el 'autor intelectual' del asesinato de cinco opositores políticos durante la dictadura. Los pobres infelices fueron atados de pies y manos y lanzados en el océano Pacífico desde un helicóptero. Sorprende que Sinclair, una vez recuperada la democracia, fuera designado senador en representación del Ejército hasta 1997. Eso se llama transición, sí señor.