Hace ya 47 días que mi compañero fotógrafo de EFE Víctor Salas fue brutalmente agredido por un miembro de la policía militarizada de Chile durante una protesta en Valparaíso, tal y como relaté en un post anterior. Durante estos 47 días Víctor fue intervenido quirúrgicamente y está a la espera de una segunda operación que revelará el estado en el que podría quedar su ojo dañado, que, por su profesión, es su mayor herramienta de trabajo. En estos 47 días no se ha sabido nada de la presunta investigación que abrió Carabineros para esclarecer los hechos. Silencio absoluto. Desde su punto de vista, es una actitud previsible: dejar que pasen los días y se enfríe la polémica y, como siempre, al final no pasará nada. Pues ayer pasó algo.

Congregados por la Unión de Reporteros Gráficos y Camarógrafos de Chile (URGC), unos 40 compañeros de Víctor nos concentramos en La Moneda para pedir al Gobierno que acelere la investigación. Como un sábado por la mañana no hay mucha gente en la sede del gobierno, decidimos andar un poco e ir hasta el Círculo Español, donde se celebraba la Junta Nacional de la Democracia Cristiana, uno de los partidos que integran la coalición gobernante. Esto significaba que habría cámaras de televisión y algún que otro ministro. Portando grandes fotos y pancartas de agresiones a fotógrafos en varias protestas, rápidamente vino a interceptarnos una brigada del GOPE, la policía militarizada de Carabineros, con su característica vestimenta que los asemeja más a Mazinger Z que a agentes del órden. Nos obligaron a colocarnos al otro lado de la calle donde se celebraba la junta, pero no teníamos prisa por irnos. Cantando y gritando consignas a favor de Víctor y de la libertad de información, esperamos pacientemente una hora y media. Algunos ministros salieron, nos vieron acorralados por los GOPE, leyeron nuestras pancartas y se fueron. Hasta que, de repente, los Carabineros que nos "vigilaban" recibieron la órden de retirarse y todos juntitos y al unísono se fueron corriendo hacia el furgón. Vía libre. Nos acercamos gritando y cantando hacia la entrada del edificio donde se organizaba todo el tinglado y ¡bingo!, apareció el ministro portavoz, Francisco Vidal. Rodeado de carteles y gente gritando, no le quedó otra opción que detenerse a conversar con nosotros. Pactó una reunión para mañana con representantes de la URGC y dijo lo que era previsible: que esto no puede volver a suceder, que la nuestra era una manifestación justificada, bla, bla, bla... en definitiva, palabras y más palabras. Acto seguido entramos dentro del edificio, donde los asistentes a la junta nos recibieron con una sonora ovación que, dicho sea de paso, fue realmente emocionante.

Tras la manifestación, contentos y satisfechos, tomamos unas merecidas cervecitas y brindamos por Víctor. Sabemos que será lento y difícil, pero la reunión con Vidal y la repercusión que tuvo el tema nos hace ser optimistas. Hay que seguir luchando e insistiendo. No se puede reprimir de esta forma a simples profesionales que hacen su trabajo. Nos puede caer una piedra, nos pueden mojar, son cosas que suceden en las protestas. Lo que no puede suceder es que un polícía agreda a alguien de forma premeditada y quede impune. Carabineros cometió el error de admitir que ya tenían localizado al agente agresor. ¿A qué están esperando para sancionarlo? Que pague. Nosotros, seguiremos insistiendo y protestando hasta que se haga justicia.