Tras las merecidas -jeje- vacaciones en Río, todo ha vuelto a la normalidad. El frío de Santiago se me caló de nuevo en los huesos y me despertó de sopetón como diciéndome: "Venga chaval, ponte las pilas que se acabó la buena vida". Uno se acostumbra rápido a lo bueno. Y al calor y a la agradable vida en Río de Janeiro aún más. La semana con 'Paulinho' pasó volando, demasiado rápido.
Río de Janeiro tiene algo que a uno lo atrapa. No sé si es la naturaleza exhuberante que rodea e incluso se come algunas partes de la ciudad, la calidez de su gente, el clima o las playas. Sospecho que es una mezcla de todo esto, pero no lo puedo asegurar. La cuestión es que no me habría importado quedarme unos días más. En la semana que estuve allí tuvimos tiempo de todo. Salimos de fiesta con gente pija en el Baixo Gávea o en las fiestas Juninas, y con gente más sencilla en la feria de Sao Cristovao. Nos mezclamos con la gente guapa en el puesto nueve de la playa de Ipanema, andamos por la famosísima playa de Copacabana. Visité el Cristo Redentor y también el Pâo de Açúcar, con visita del príncipe heredero japonés incluida.

Faltó la visita a alguna favela, aunque dado el evidente peligro de la cuestión no es como salir a pasear por la playa de Botafogo. Mi amigo Pau se preocupó de que en ningún momento pasara hambre... incluso diría que trató de cebarme como si fuera un cerdo, aunque no se lo tendré en cuenta por los deliciosos 'sucos' de papaya y plátano que preparaba. ¡Muito obrigado Pau!

De Río me llevo dos botellas de cachaça para hacer caipirinhas en Chile, los pantalones de la 'seleçao', un montón de fotos, buenas amistades, un recuerdo imborrable... y unas tremendas ganas de volver.

Todas las fotos, en mi cuenta de Flickr.