Una de las 'chilenadas' -palabras que sólo existen en Chile- más extendidas es el término 'fome'. Fome significa aburrido. Es habitual oír que alguien habla de "una fiesta fome" o de "una película fome". Mis últimos días en Chile han sido más bien fomes. No es nada alarmante ni algo por lo que preocuparse; con el agitado ritmo de vida que llevo desde hace más de cuatro meses, incluso son bienvenidos unos días de calma relativa en lo personal y lo profesional.

En Chile lo más destacado en los últimos días fue la muerte del general José Alejandro Bernales, jefe de los Carabineros, en un accidente de helicóptero en Panamá junto a su mujer y cuatro personas más. Una tragedia, cierto, pero que tuvo, según mi modesto punto de vista, una repercusión mediática totalmente desproporcionada. Los diarios, televisiones y radios no hablaron de nada más durante varios días, Bernales fue convertido en un mártir, un héroe nacional. No lo conocí, quizás fue un buen hombre y quizás no lo fue tanto como nos lo quisieron pintar. Sin embargo, creo que es vergonzoso que todas las televisiones en abierto de Chile se dediquen a retransmitir un domingo en directo durante 7 horas el cortejo fúnebre del jefe de la policía del país. La ciudad estaba llena de personajes de uniforme y los coches con los ataúdes se pasearon por todo Santiago entre aplausos y llantos de los ciudadanos. Si algún día muere un ministro o un presidente en activo, ¿qué pasará en este país? ¿Saldrán los tanques a la calle? ¿los aviones de la Fuerza Aérea?

La calma chicha de estos días no durará mucho más. La semana que viene me voy tres días a Iquique, al norte del país, a cubrir un campeonato Iberoamericano de atletismo. Y en cuanto llegue me subo de nuevo a un avión que me llevará a Buenos Aires, escala en mi camino hasta Río de Janeiro. Que empiece la acción.