En Santiago no hay máquinas tragaperras. En los cuatro meses que llevo acá no recuerdo haber visto ninguna. No he presenciado la clásica estampita del chino con la bicicleta aparcada en la puerta del bar reventando él solito la máquina, con el estruendo de las monedas cayendo cuando toca premio. O el del 'currela' apurando una cervecita o, en el mejor de los casos, un cubata, mientras prueba suerte con algunas monedillas que tenía en el bolsillo.
¿Significa esto que el nivel de ludopatía es inferior en Chile que en España? La verdad, no lo sé. Supongo que en Chile existirán casinos repletos de gente dispuesta a dejarse buena parte del sueldo en sus maquinitas y juegos. Sin embargo, he descubierto una afición de los chilenos que, a mi parecer, es para ellos lo que las tragaperras en España. Se trata del clásico 'pinball', juego que, por lo menos en mi casa, siempre se ha llamado 'millón'.
En el centro de Santiago hay salas llenas de máquinas de 'pinball' donde los chilenos y chilenas matan el rato después del trabajo. En el trayecto desde mi casa al gimnasio hay uno de estos establecimientos. Se llama 'Recreativos Valenzuela'. Cada vez que paso junto a la puerta no puedo evitar la tentación de mirar. Hombres y mujeres, generalmente mayores de treinta años, posan concentrados ante sus máquinas y pulsan con ímpetu los botones laterales que accionan las palas del 'pinball'. Pese a que los jugadores están a menos de un metro uno del otro, nadie habla con nadie. La partida es demasiado importante, no se pueden correr riesgos. En España generalmente suelen ser hombres quienes prueban surte en las tragaperras. El 'pinball', en cambio, no entiende de distinciones de género. Me atrevería a decir que casi se reparte al cincuenta por ciento.
No deja de sorprenderme. Entiendo que cada país, cada cultura, tiene sus cosas, sus costumbres, que van desde el folklore hasta cosas más triviales. Pese a que nunca supe jugar a las tragaperras, entiendo que un juego de azar cuya finalidad, su razón de ser, es ganar dinero. En el 'pinball', que yo sepa, nadie te devuelve la plata. Mientras unos juegan para ganar dinero, otros lo hacen por diversión y para alargar al máximo la duración de la partida. Cada uno a lo suyo.


¡Hola Gerard!
Acabo de descubrir que tienes blog a través del de Alejandra. Soy María Toraño, becaria en Montevideo. Siento muchísimo no haberos viste el finde que estábais en Buenos Aires pero no era un buen momento. Estoy planeando escapadita a Santiago en agosto que tengo allí a una buena amiga así que os mantendré informados.
Dale un beso enorme de mi parte a Fuencia y otro para ti
P.D: A ver si le pido a Pilar y a Ale vuestros mails y os adjuntos al messenger
Dale un beso enorme a Fuencis (que se me escapó una letra) ;-)
En Argentina no son especialmente ludópatas, pero hoy me he dado cuenta de que aquí no hay donuts!! Ocho meses por delante sin un donut fondant?? no sé si seré capaz... tendré que vender mi alma al dulce de leche, jejeje...
Ya sé que no tiene mucho que ver con el Pinball pero em tinee anonadada cómo esta gente puede sobrevivir sin donuts...
@ María: un placer verte por aquí María. Pues cuando vengas a Santiago avisa y nos juntamos por aquí, que estas visitas siempre son agradables. Besos!
@ Alejandra: Bueno, bueno... no te quejes tanto, que los Donuts son un caprichillo de nada al lado de las exquisiteces -¿estará bien escrito?- que tienes en Buenos Aires. Que si panqueque de dulce de leche, medias lunas calentitas, helados gigantes... Creo que lo superarás. Un beso!