Otra decepción azulgrana en Chile. En este país que tan amablemente me ha acogido he asistido en vivo y en directo a la debacle del Barça en la Liga, la Copa del Rey y, ayer, en la Champions. Ayer decidí no ir a la peña barcelonista de Santiago donde he visto buena parte de los partidos del equipo y me quedé en la oficina. Una de las razones fue que mo tocaba turno de tarde, y aquí el partido empezó a las 14.45h. Otra, y más importante, es que en las últimas semanas se instaló en mi cabeza la idea de que mi presencia en ese acogedor bar de la comuna de Providencia perjudicaba al equipo. Una soberana estupidez, lo sé, pero echando la mirada atrás en el tiempo descubrí que en ese bar había visto ganar poquísimas veces al Barça. Me atrevería a decir que de todos los partidos que hasta ahora he visto en el De la Ostia -así se llama el bar, propiedad de un catalán-, tan sólo dos se saldaron con victoria culé. El resto empates y derrotas. Por ello, pensé que quizás era gafe: no podían ser ciertos estos números tan negativos.

Pero ayer ví que estaba equivocado. No soy gafe: los jugadores son unos paquetes. Pasé una hora y media mordiéndome las uñas y levantándome histérico de la silla ante las risas de mis compañeros de trabajo chilenos, que me comprenden porque la Universidad de Chile tampoco es muy prolija en las alegrías a sus aficionados.

Por la noche, po pude aguantar y me descargué en el ordenador la tertulia post-partido del programa "Tu diràs" de Rac1. Era de esos días en que uno necesita de terapia colectiva, Prozac comunitario para tratar de analizar y asimilar lo que ha visto y, también, empezar a avistar el futuro. Tras la sesión, estas son mis conclusiones:

  1. Mientras Laporta sea presidente del Barcelona, pocas alegrías nos va a dar este equipo. Laporta apostó por Rijkaard y su filosofía, por la autogestión del vestuario y el famoso "círculo virtuoso", y no cambiará de idea.
  2. Este equipo necesita un cambio de filosofía. Esto no significa degollar su espíritu, caracterizado por un juego elegante y de toque, pero sí un cambio en la filosofía de trabajo. Cambio que, dado lo expresado en el primer punto, se antoja imposible.
  3. Hay que hacer limpieza. Los actuales jugadores importantes llegaron hace 4 años con hambre de titulos. Se empacharon de éxitos y popularidad y se han convertido en simples funcionarios, burócratas del balón que no entienden lo que significa vestir la zamarra del Barça. En mi opinión, hay que echar al entrenador y a un nutrido grupo de jugadores. Ardua tarea, porque no es nada fácil fichar a un grupo de jugadores jóvenes y de calidad para armar la futura escuadra. Se tendría que haber empezado el año pasado.
  4. El año que viene estaremos igual. Estructurar un nuevo equipo no se puede hacer en unos meses. Y si no fijémonos en el ejemplo de los "galácticos" del Madrid. Estuvo 4 años sin ganar un título, despojándose a duras penas de esos jugadores que Florentino Pérez convirtió en dioses. Sólo cuando el presidente dimitió, se pasó página y se miró hacia el futuro.

Para mi la temporada se ha terminado. No creo ni que vea el Madrid- Barça. Sólo iré al De la Ostia para tomar unas cañas y degustar sus deliciosas tapas. En agosto, empieza otra temporada, veremos qué pasa.

Foto: Reuters